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Tonta, fea, gorda

 

El acoso escolar y sus consecuencias

Siempre ha existido. Afortunadamente, hoy en día se cuenta con protocolos de actuación ante un caso de acoso en un centro de educativo. Por desgracia, a veces no se aplican a tiempo, o no se toman en serio hasta que es demasiado tarde. 

Yo misma lo sufrí de pequeña, aunque antes esas bromas crueles, el rechazo e incluso la agresión física y verbal no se tenían muy en cuenta por los mayores, que las tildaban de «cosas de críos».

 El daño que causa el verse involucrado como víctima del acoso es bestial. Te acompaña siempre, aun cuando ya eres adulto. Te crea miedos e inseguridades, ataca a tu estima. Y, erróneamente, crees que eres el único culpable, por ser como eres. 

 Con Tonta, fea, gorda quise exponer esta situación, contarla desde el punto de vista de tres niñas, donde una es acosadora, otra víctima, y una tercera niña permanece ajena al dolor de esta última, prefiriendo sacrificar su amistad para ser tenida en cuenta en el grupo que considera fuerte y poderoso.

 Me costó bastante meterme en el papel de la acosadora para escribir este libro, pues me resultó muy complicado empatizar con ella. No lo conseguí, pero pude hacerme una idea de cómo funciona ese tipo de personalidad.

 Escribir Tonta, fea, gorda removió viejas heridas que ya creía indoloras y cicatrizadas. 

Y, sin embargo, me trajo una alegría al ser premiada en el I Certamen Literario del Bajo Andarax, en la modalidad comarcal. 

 Es un tema muy complicado, y resulta de vital importancia tratar el tema tanto en casa como en el colegio, para prevenir casos así.

 Os animo a leer esta historia en la que hay un poquito de mí misma en uno de los personajes.

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