Recuerdo claramente cómo tus ojos se empaparon, cuando te lo solté todo. Temías que llegara ese momento desde hacía tiempo, pero no quisiste hacer caso de las señales. Hasta que fue demasiado tarde. Por tu cabeza pasaron los momentos más dulces, como aquellas tardes de invierno, cuando compartíamos una humeante taza de chocolate con churros. Sentí tu pesar, pero no había marcha atrás.
Se acabaron las sesiones de cine, seguidas de una deliciosa cena en nuestro restaurante favorito.No. No había vuelta atrás. La decisión estaba tomada, a pesar de tus súplicas.
Miré toda mi ropa, esparcida sobre la cama de nuestro dormitorio.
Y lloré. Lloré con amargura.
Te acercaste, y me abrazaste por detrás, depositando un dulce beso en mi cuello. Me estremecí, y me di la vuelta. Te miré a los ojos, y traté de que mi voz sonara lo más convincente posible:
— No hay vuelta atrás. Mañana empezamos la dieta.
©Rocío Ramírez Gámez

Comentarios
Publicar un comentario